Este viaje en velero está enmarcado por dos atractivas ciudades portuarias: desde la ciudad hanseática de Stralsund, zarpamos hacia Kiel… en el camino, tendremos tiempo para explorar la costa báltica entre Alemania y Dinamarca. Se pueden realizar escalas opcionales en las islas danesas de Falster, Lolland, Langeland o Ærø.
Dependiendo de la dirección del viento, disponemos de puertos alternativos para realizar una excursión en la bahía de Lübeck, Heiligenhafen o la isla de Fehmarn. Si el mar está en calma, será posible pasar la noche fondeados, uno de los momentos más relajantes de cualquier viaje en velero.
Este viaje de una semana alterna experiencias de navegación en el Mar Báltico, impresiones de la naturaleza en fondeaderos protegidos y emocionantes excursiones en tierra.
Aquí es donde se embarca:
El pintoresco centro de la ciudad, con sus edificios góticos de ladrillo, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El Ozeaneum, situado en el puerto, se presenta como una oda al mar, con 45 acuarios, algunos de ellos enormes, un recorrido submarino por los mares del norte, réplicas de ballenas a tamaño real y un recinto para pingüinos en la terraza de la azotea. La arquitectura moderna evoca velas ondeando al viento. Cerca del Ozeaneum se encuentra un monumento marítimo singular: el bergantín Gorch Fock (I), buque gemelo del buque escuela de la Armada alemana.
La arraigada tradición cervecera se mantiene viva en la cervecería Störtebeker. Nuestro consejo: complete su excursión con una visita a la fábrica de cerveza.
Aquí es donde desembarcará:
Numerosos lugares de interés bordean el fiordo de Kiel: desde el Monumento Naval de Laboe, en la costa este, pasando por el imponente faro de Friedrichsort, hasta la playa de Falckenstein y Kiel-Holtenau, con su histórico Tiessenkai, sus pequeños cafés y sus antiguos almacenes. En Holtenau, en la costa oeste del fiordo de Kiel, se puede observar el constante ir y venir de barcos por las esclusas del canal de Kiel.
Desde pequeños yates deportivos hasta transatlánticos, embarcaciones de todo tipo y tamaño se deslizan a nuestro lado durante el día en la vía fluvial artificial más transitada del mundo. Un corto paseo hasta el pequeño faro de Holtenau ofrece una muestra de la atmósfera nostálgica del puerto: es frecuente ver aquí antiguos veleros de carga y goletas.
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