Desde Spitsbergen hasta Jan Mayen —e incluso, si las condiciones lo permiten, hasta Groenlandia— antes de finalizar en Islandia. Esto es más que un viaje en velero; es una auténtica expedición ártica a través de algunas de las regiones más remotas del planeta, que ofrece la oportunidad de llegar a lugares que pocos han visto.
Nuestro viaje comienza en Longyearbyen, la capital de Svalbard. Tras unos rápidos preparativos y aprovisionamiento, dejamos atrás la civilización y nos adentramos en el vasto Ártico. Aquí, en un lugar donde los osos polares superan en número a los humanos, comienza la verdadera expedición.
Nuestro primer gran objetivo es Jan Mayen, una remota isla volcánica dominada por el Beerenberg, el segundo volcán activo más alto de Europa. Al no tener residentes permanentes y estar protegida por decreto real, desembarcar allí requiere un permiso especial, que intentaremos obtener. Nuestro éxito dependerá por completo de las condiciones, lo cual forma parte de la aventura.
Desde allí, podríamos intentar llegar a la costa oriental de Groenlandia, una de las regiones habitadas más aisladas del mundo. El acceso solo es posible durante un breve periodo estival, cuando el hielo retrocede, e incluso entonces, nada está garantizado. Si las condiciones lo permiten, seguiremos adelante. De lo contrario, pondremos rumbo a Islandia.
En el camino, navegamos entre icebergs y sorteamos el hielo marino, algo habitual en nuestra vida diaria. Es posible avistar fauna salvaje, desde aves marinas y bueyes almizcleros hasta algún que otro oso polar. El Ártico es impredecible: el tiempo puede cambiar en cuestión de minutos, desde un sol radiante hasta repentinas tormentas de nieve.
Si Groenlandia nos concede el paso, la recompensa es inolvidable. Si no, Islandia nos espera, con los espectaculares paisajes de los Fiordos del Oeste. Aquí, el ritmo se ralentiza. Bahías tranquilas, costas escarpadas y placeres sencillos como el bacalao fresco recién sacado del mar ofrecen una experiencia diferente.
La etapa final nos lleva de vuelta a Reikiavik. Los paisajes espectaculares y los atractivos únicos de la costa hacen que merezca la pena prolongar el viaje de regreso, lo que permite explorar Islandia desde tierra firme y completar la historia de la expedición.
El viaje se realiza a bordo de un yate totalmente equipado, diseñado para la navegación en zonas remotas, con aislamiento térmico, sistemas de calefacción y todo el equipo necesario para las condiciones árticas. Además, ofrece una excelente oportunidad para acumular millas náuticas y obtener la titulación de Patrón de Yate Oceánico.
El itinerario presenta una posible ruta, pero el recorrido final siempre estará condicionado por el clima y el hielo. Esta flexibilidad no es una limitación, sino la esencia de una verdadera expedición.
Aquí termina nuestra aventura marítima. Tras semejante viaje, la experiencia de pisar tierra firme adquiere un significado completamente nuevo.
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