Día 1: Rumbo 115º - El Salto al Azul.
Zarparemos del Real Club Náutico de Valencia con las primeras luces o al atardecer, dependiendo de la meteo. Tras el briefing de seguridad y estiba, dejaremos atrás la costa para adentrarnos en las 80 millas que nos separan de las Pitiusas. Es el momento de la navegación de altura pura: trimaremos velas, practicaremos el gobierno a la rueda y, si la noche nos alcanza en el mar, aprenderemos a gestionar las guardias bajo un cielo estrellado infinito, interpretando el radar y el AIS como verdaderos marinos.
Día 2: Formentera y el Paraíso de Cristal.
Ver despuntar el sol sobre la silueta de Es Vedrà es una experiencia que no se olvida. Pondremos rumbo directo a las aguas turquesas de Ses Illetes o Cala Saona. El 49i, con su amplia manga y plataforma de baño, es la base perfecta para disfrutar del primer chapuzón. Dedicaremos el día a practicar maniobras de fondeo real (elección de tenedero y círculo de borneo) y a empaparnos de la energía única de la isla. Bajaremos a tierra para sentir la arena blanca antes de una cena tranquila a bordo bajo la luz de la luna.
Día 3: Navegación Costera y Perfeccionamiento.
Bordearemos la costa de Formentera, navegando bajo los impresionantes acantilados del Faro de la Mola. Es el escenario perfecto para practicar la navegación costera y el reconocimiento de marcas visuales. Si el viento nos regala una buena jornada, realizaremos ejercicios de viradas y trasluchadas para que sientas la respuesta del timón de este gran velero. Buscaremos una cala menos concurrida para comer y, por la tarde, iniciaremos el posicionamiento para el cruce de vuelta, aplicando todo lo aprendido en la ida.
Día 4: Arribada y Cierre de Millas.
El último día es para disfrutar de la navegación pura de regreso a la península. Con el rumbo fijado hacia Valencia, aprovecharemos para resolver dudas técnicas, repasar meteorología y disfrutar de la velocidad sostenida que este crucero-regata es capaz de mantener. Ver aparecer el skyline de Valencia en el horizonte marca el final de una travesía donde bajaremos del barco no como clientes, sino como una tripulación cohesionada que ha compartido millas, conocimientos y la libertad que solo el mar ofrece.
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